Carmina Burana , música de Carl Orff, coreografía y régie de Jean-Pierre Aviotte. Por el Ballet Concierto. Dirección: Lilian Giovine. Con Iñaki Urlezaga, Eliana Figueroa y otros. Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Luis Gorelik.
Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Salvatore Caputo. Coro de Niños, dirigido por Valdo Sciammarella. En el Opera. Ultima función: hoy, a las 19.
Nuestra opinión: Muy buenoHabrá quien recuerde el impacto que produjo en Buenos Aires el Ballet de Chile cuando esta compañía (liderada entonces por artistas alemanes y franceses, sobrevivientes de Les Ballets Jooss) bailó las ceremonias profanas de Carmina Burana . Las mismas estridencias y sutilezas de Carl Orff generaron, después, experiencias locales sobre la escena, la más reciente de ellas fue la de Mauricio Wainrot.
La feliz iniciativa con que
ahora Iñaki Urlezaga exhuma la celebrada cantata implica una convocatoria a Jean-Pierre Aviotte, coreógrafo francés formado en el neoclasicismo de Roland Petit ?en cuya compañía bailó? y que fue continuador del legendario Josef Sbóvoda en la dirección del la célebre Laterna Magika, de Praga, pródiga en alucinaciones escénicas. Su versión de Carmina Burana conforma un valioso aporte, que se plasma en esta coproducción del Ballet Concierto con el Teatro Colón.
Una rueda que, al abrirse en dos graderías circulares, quizá deja ver al ?mundo?: he ahí el módulo escénico que Aviotte creó para que Urlezaga y su grupo concreten esta apelación a la creatividad y al gusto por el espectáculo total. Porque, más allá de la danza y de los 18 intérpretes, hay un entorno multitudinario a la vista:
los coros del Teatro Colón (el que dirige el talentoso Salvatore Caputo y el de Niños, conducido por Valdo Sciammarella). A lo que se suma el sostén de la Orquesta Estable del coliseo (dirigida por Luis Gorelik, por momentos en leve desajuste con el coro), que aproxima la propuesta a la concepción dramática de Orff, la del Theatrum Mundi, que consideraba inexcusable la confluencia de todas esas expresiones.
ContemporáneoSorprende la admirable entrega de Iñaki a un lenguaje de movimiento alejado del código clásico que maneja habitualmente (aunque el bailarín sostiene que suele frecuentarlo en sus presentaciones en el exterior). La coreografía de Aviotte propone, en efecto, figuras contemporáneas del mejor cuño y ahí lo tenemos a Iñaki en sus solos con la botella, en la sección ?In taberna?, para componer diseños casi geométricos. En este pasaje, dedicado a versos satíricos que invocan el placer de beber, hay que destacar también el desempeño de Natalia Mujtar, en un solo vigoroso ?que luego se funde en un trío? con fuertes exigencias de piso.
La Cour d?amours (otra de las secciones de la obra de Orff, cuyas canciones abundan en motivos eróticos) depara momentos de lirismo, como el dúo de Urlezaga con Eliana Figueroa, de tintes muy actuales; la misma Figueroa, hacia el final, conjuga otro dúo, esta vez con Emmanuel Rodríguez,
un reconcentrado adagio rico en enlaces ligados, con la vecindad espacial, en el proscenio, de la soprano Laura Rizzo, impecable en su contenida emisión.En el interior de cada escena, la ?Rueda de la Fortuna? gira; lo que fue alegría puede desembocar en duelo, o la desolación en triunfo. El diseño de esa rueda, que aparece en la primera página de los manuscritos medievales sobre los que se basó Orff, es reinterpretado por Aviotte con una estructura móvil; así, su concepción empalma lo plástico con lo coreográfico y encuentra en Urlezaga un intérprete de primer nivel, a lo que hay que sumar su encomiable liderazgo de esta esforzada producción.
Néstor TirriLa Nación